La imagen se congeló de repente. Durante algunos minutos, la pelota quedó inmóvil en la pantalla del celular. Emil Salazar miró el teléfono, esperó unos instantes y se encogió de hombros. "Es normal", dijo. La escena ocurrió mientras intentaba seguir el partido entre Argentina y Austria del Mundial desde Piruaj Bajo, una pequeña comunidad ubicada en el norte de Santiago del Estero donde el tendido eléctrico todavía no llegó.

Para Salazar, los problemas de señal forman parte de la rutina. Tiene alrededor de 40 años viviendo en la zona y conoce de memoria las limitaciones que implica habitar un lugar donde la energía depende de paneles solares, baterías y pequeños generadores. Aun así, hace todo lo posible para mantenerse conectado.

Incluso le paga internet a uno de sus vecinos para poder acceder a la señal y seguir los partidos de la Selección. "Si se para la señal, no veo nada", explicó mientras observaba nuevamente la pantalla del celular.

La conectividad es apenas una de las dificultades cotidianas. Salazar tiene un pequeño comercio y necesita energía para conservar algunos productos. "Yo tengo dos freezers a gas. Uno para las gaseosas y otro para los pollos", contó. Mantenerlos funcionando requiere un esfuerzo constante.

Hace algunos años recibió un pequeño equipo solar a través de un programa estatal. Gracias a eso puede abastecer algunas necesidades básicas de su vivienda. Sin embargo, el sistema tiene limitaciones. "Es un equipo chico. Sirve, pero las baterías se van desgastando", explicó.

Por eso en muchas viviendas el ahorro de energía se transforma en una prioridad. Las lámparas permanecen apagadas la mayor parte del tiempo y sólo se utilizan cuando son realmente necesarias. "Tratamos de usar la luz lo menos posible para guardar energía", relató.

La situación se agravó durante las últimas semanas debido a la falta de días soleados. "Estuvo nublado durante mucho tiempo y eso complica la carga de las baterías", explicó.

Quizás por eso una imagen llamó especialmente la atención durante la recorrida por la comunidad: varias familias observaban los partidos prácticamente a oscuras. No era una cuestión de comodidad. Era una necesidad.

Cada foco encendido representa energía que podría hacer falta más adelante. A pesar de las dificultades, Salazar reconoce que algunas cosas mejoraron respecto de cuando llegó al pueblo siendo apenas un niño. Uno de los cambios más importantes fue la llegada de internet.

También observa con esperanza la posibilidad de que finalmente avance la obra del tendido eléctrico. "Nosotros esperamos que llegue la luz. Si llega, esto sería otra cosa", aseguró.

Para él, el ejemplo más claro está en San José del Boquerón, una localidad cercana que logró desarrollarse después de acceder a ese servicio básico. "Uno ve cómo progresó cuando llegó la electricidad", afirmó.

Pero la falta de luz no es el único problema. El acceso al agua potable continúa siendo otro desafío para muchas familias. Debido a la presencia de arsénico en algunas fuentes subterráneas, numerosos vecinos almacenan agua de lluvia en grandes cisternas para consumo diario.

"Nosotros juntamos toda el agua que podemos cuando llueve y la usamos durante meses. Yo tengo un aljibe que todavía utilizó para recolectar agua", explicó.

Aun así, el fútbol sigue ocupando un lugar especial en la vida comunitaria. Cuando Argentina fue campeón en Qatar 2022, Salazar vio todos los partidos. La final la siguió en San José del Boquerón y después participó de las caravanas que se organizaron para celebrar la tercera estrella.

Mientras habla, vuelve a mirar el celular. La señal regresó. La imagen vuelve a moverse. El partido continúa. Argentina gana 1-0. No hubo gritos. No hubo desahogo. Solo una pequeña sonrisa de que la Selección iba arriba en el marcador gracias al gol de Lionel Messi. En Piruaj Bajo, donde todavía esperan la llegada de la electricidad, a veces eso ya es una pequeña victoria.